Literatura de viajes             

 

La literatura de viajes:
No constituye una categoría o un género literario universalmente reconocido. Se trata de textos que recogen los acontecimientos, los sentimientos y las voces de un viaje realizado por el narrador, que puede o no coincidir con el autor empírico. Según la perspectiva crítica puede sostenerse que la mera enumeración de hechos no constituye en sí literatura, pero esta no es una postura universal. Obras que hablan de aventura, conquista o exploraciones son recogidas también normalmente bajo la categoría de literatura de viajes, como por ejemplo Fray Bartolomé de las Casas o Bernal Díaz del Castillo cuyas obras, pertenecientes al género crónica son consideradas las primeras manifestaciones literarias americanas de la conquista.

Relatos mitológicos y tratados clásicos:
Desde muy antiguo están presentes los viajes en los relatos clásicos. Los reyes de estados del creciente fértil solían dejar crónicas escritas de campañas militares que mostraban su poderío. Los trabajos de Hércules conducen al héroe a través un de largo periplo mediterráneo. Homero llena de aventuras el accidentado viaje de regreso de Ulises a la isla de Itaca. El gran ejército de los atacantes de Troya cruza en numerosos barcos el Egeo. El pueblo de Israel realiza dos largos periplos con la ayuda de Yahvé en el Antiguo Testamento. Son el Éxodo como esclavos de Mesopotamia y la travesía del desierto que los conduce a la Tierra Prometida cruzando el mar Rojo. En Grecia aparecen tratados que describen lugares y costumbres locales buscando la objetividad. Lo que Heródoto consigna que oyó contar durante sus largos viajes incluye todavía hechos fantásticos. Jenofonte relata con objetividad su viaje como mercenario al servicio de Ciro el Joven en el extenso Imperio persa.

Edad Media:
La redacción de libros de viajes se remonta al siglo XIV (es una de las aportaciones más novedosas de este periodo) y su culminación se producirá en el siglo XV. La obra que inaugura este género dentro de la literatura española es la Embajada a Tamorlán, crónica de un viaje que hicieron los enviados del rey Enrique III al encuentro del emperador asiático Tamerlán. En el último tercio de siglo se traduce al aragonés el Libro de Marco Polo sobre su viaje a China. Se escriben también relatos de viajes inventados con abundancia de seres y lugares fantásticos. Las embajadas de monarcas europeos al lejano oriente se llevan a cabo mientras crece el control musulmán de la ruta hacia tierras del este.

Nuevo Mundo:
El descubrimiento de las extensas tierras americanas dejó muchos relatos. Cronistas presentes en el descubrimiento y conquista añadieron información valiosa, descripciones de costumbres e historias de variados pueblos. Bernal Díaz del Castillo, Américo Vespucio, Antonio de Pigafetta y Cabeza de Vaca dejaron escritos muy interesantes. Entre las búsquedas destaca la de El Dorado, país de abundantes riquezas que debía encontrarse entre el Orinoco y el Amazonas. El mito se fundaba en relatos sobre una práctica religiosa chibcha en la que se cubría el cuerpo con oro molido. El primero en tener noticias de este fabuloso reino fue Diego de Ordás en una de sus exploraciones por el Orinoco (1531). Tras diversas expediciones infructuosas se fue llegando a la conclusión de que en realidad El Dorado debían referirse a reinos ya conquistados. La esperanza de hallar ricos territorios en zonas desconocidas animó a muchos exploradores a emprender su búsqueda. Otras búsquedas de oro se sucederán en el norte del continente siglos después.

Bibliografías y estudios sobre libros de viajes a España:
Entre el siglo XIX y comienzos del XX escribieron sobre libros de viajes extranjeros a España el hispanista Raymond Foulché Delbosc (Bibliographie des voyages en Espagne et en Portugal, París: H. Welter, 1896), donde se acogen 858 títulos de libros de viajes en dieciséis lenguas y 1730 ediciones, todo en orden cronológico, aunque faltan referencias a los importantes viajes de Wilhelm von Humboldt por todo el imperio español, tacha menor en un esfuerzo semejante. También Arturo Farinelli escribió sobre el tema y Elena Fernández Mel o Herr sobre los libros de viajes franceses y la imagen que ofrecían de España. Modernamente abundan ya los estudios sobre la materia. Entre los escritores españoles relevantes por sus libros de viaje destacan Alí Bey y Adolfo Rivadeneyra (siglo XIX). Del siglo XX cabe citar a Ana Briongos, Jordi Esteva, Juan Goytisolo, Paco Nadal, Javier Reverte y Gabi Martínez. Existe un premio destacado de literatura de viajes, el Premio Internacional de Literatura de Viajes Camino del Cid.

Viajes en obras de ficción (s.XIX):
La exploración de las últimas tierras que quedaban fuera de los mapas acrecienta el interés del público por los parajes exóticos. Entre los autores de novelas que relatan historias y viajes en tierras lejanas destacan Defoe, Salgari, Verne y London. La larga persecución de su incontrolable criatura termina con la muerte de Víctor Frankenstein en los hielos polares. (Mary Shelley, 1818). El ballenero Pequod de Melville cruza meridianos sin descanso hasta ser hundido por Moby-Dick (1851). La vuelta al mundo en 80 días (Julio Verne, 1872) hace alarde de los logros técnicos alcanzados en transporte durante el siglo XIX. La expedición marítima a la lejana isla del tesoro de Stevenson requiere enrolar a marinos experimentados que resultan ser piratas (1883). El Huckleberry Finn de Mark Twain recorre un Mississippi peligroso para un esclavo fugado (1885). El Kim de Kipling recorre extensos parajes del Asia central en medio de un conflicto entre imperios (1901). La historia del perro Buck de London comienza en un rancho de California y se traslada hasta el inexplorado Yukón. (1903).


Orwell y Hemingway relataron sus vivencias en la convulsa España de la Guerra Civil. En el camino (1951) de Jack Kerouac se convirtió en libro de cabecera de la generación Beat.

Presencia de Africa:
Africa es escenario de importantes novelas en el siglo XX. El Corazón de las Tinieblas (1899) de Joseph Conrad describe la crueldad de la explotación colonial que presenció durante sus escalas en el Congo. Las cuatro plumas, novela de A.E.W. Mason publicada en 1902, describe una larga ruta por paisajes de Sudán y signos de prepotencia del empeño colonizador británico. Javier Reverte dejó una trilogía africana: El sueño de Africa (1996), Vagabundo en África (1998) y Los caminos perdidos de Africa (2002). Es autor de muchos otros libros basados en viajes. Kapuscinski, muerto en Varsovia en 2007, nos dejó Un día más con vida donde describe la descolonización de Angola en 1975 y su posterior y devastadora guerra civil. En su conocida obra Ebano recopila historias cortas sobre guerras civiles africanas y sus efectos en sufrimiento y pobreza. En Viajes con Heródoto establece un paralelismo entre sus viajes como reportero internacional con la obra Historia, del Heródoto de Halicarnaso.

Siglo XX:
A principios de siglo numerosos vapores transatlánticos de pasajeros conectan regularmente países y continentes. Numerosos funcionarios de las metrópolis se desplazan para trabajar en la administración de las colonias. En la década de 1950 se comienza a implantar masivamente la aviación comercial y la construcción de aeropuertos, facilitando la llegada a puntos remotos. Llega al gran público gran cantidad de información de puntos remotos facilitada por arqueólogos, paleontólogos, zoólogos... A la luz de los nuevos descubrimientos arqueológicos se debe reahacer una buena cantidad de ideas preconcebidas de los pueblos antiguos. Entre los escritores relevantes por sus libros de viaje están Bruce Chatwin, Paul Theroux, Rebecca West, Ryszard Kapuscinski, Alexandra David-Néel y Peter Matthiessen. Un libro que alcanzó gran popularidad fue la descripción australiana del autor de superventas Bill Bryson. Las modernas técnicas cinematográficas llevaron a un extenso público a través de la gran pantalla adaptaciones de obras literarias que se desarrollan en medio de paisajes extremos.


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