Santa Cruz de Tenerife: 
 

Años del general Jaime Ortega: Este desviario del general Ortega [Capitán general de la Provincia de 1853 a 1854] en su vida política, no ha podido aminorar el reconocimiento de que le es acreedor el vecindario de esta población; a su iniciativa se debe el estado actual del Camino de los coches, preciosa alameda que hizo empalmar con la carretera de ronda que ciñe toda la parte Este y Norte de nuestra Ciudad. A su incansable actividad se debe los primeros pasos de la red de carreteras que ponen en comunicación las principales poblaciones de la Isla, y bajo su influjo se comenzó el camino vecinal de los Valles, que el abandono total de aquella vía, ha reducido otra vez a su estado primitivo de una mala senda.

Otros proyectos de utilidad pública maduraba en su mente el general Ortega que, sin duda hubera llevado a cabo, si fatalmente para él no hubiera sido depuesto el año 1854 y decimos fatalmente para él, porque quizás si hubiese permanecido en estas apartadas islas, no hubiese abrigado el descabellado proyecto que le abrió las puertas del sepulcro. Mientras tanto en 1852 se terminaba el precioso teatro que embellece nuestra ciudad, y en 1854 la Plaza de Mercado. contigua al expresado teatro, edificados en el solar que había ocupado el antiguo convento de Santo Domingo. (José D.Dugour)

Don Bartolomé Antonio Méndez Montañez, inquieto emprendedor, tuvo un papel destacado en la creación de instituciones culturales en Santa Cruz. A él se debe el primer museo importante de la población, provisto de aparatos de física y de muchas curiosidades. En 1784 un incendio destruyó todo su contenido. Don Bartolomé Antonio procedía de la familia Méndez Coello de las Azores, y sin herederos directos, fue un importantísimo patrocinador de obras religiosas. Sufragó los gastos de la Cruz de Mármol, el monumento a la Candelaria, obras en la Concepción y del templo y convento de Candelaria. Vivió como huésped de Matías Bernardo Rodríguez Carta en su palacio y testó a favor de los hijos del tesorero de la Real Hacienda.

La Pila de la Plaza:
Tal vez en otra ocasión me ocupe de la cruz de mármol de Bartolomé Montañés. Hoy es el momento de hacerlo de la Pila, que recibió las primera aguas para el abasto público de Santa Cruz, cuando se logró contar con una rudimentaria canalización que, desde Monte Aguirre y sus cercanías, conducía el preciado elemento hasta el mismo corazón de la población. Según nuestro imprescindible Cioranescu, la pila, tratando de alejar la algarabía de las aguadoras de tan céntrico emplazamiento, se colocó años mas tarde junto al tambor occidental del castillo de San Cristobal, y en la noche del 29 de septiembre de 1802 dio con sus huesos en tierra, sufriendo un considerable deterioro. La recompuso el maestro cantero Juan Zerpa con piedra de las canteras de Pedro Álvarez y, en 1813, se trasladó al patio del mismo castillo. La pila de la plaza, si se toma en consideración el testimonio gráfico -sin duda alguna idealizado- del científico y viajero francés Jacques-Gerard Milbert, no era como ha llegado hasta nosotros, pues disponía de coronamiento, fuste y basamento ornamentado que hacía de receptáculo del agua que manaba de sus surtidores. Tal vez fuera en el accidente sufrido en 1802, o en alguno de los posteriores traslados, cuando se perdieron estos elementos que le prestaban una cierta gracia y esbeltez, dentro de la tosquedad del material utilizado en su estructura. (Luis Cola Benítez)

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El bosque de Agua García:
Alberga especies únicas en el mundo. Está lleno de vida desde la tierra cubierta por la hojarasca hasta las ramas de los guardianes centenarios que custodian el elixir de la vida, los viñátigos. Conserva su aspecto original en los cauces de los Barrancos de Toledo y del Salto Blanco. En ellos habita nada menos que la comunidad natural más rica de Canarias: el Monteverde. Se trata de un bosque formado por una veintena de especies de árboles como el laurel o el viñátigo. Aunque las aves llaman más la atención, la fauna, por biodiversidad y abundancia, está protagonizada por insectos. Entre las aves, que anuncian constantemente su presencia con sus cantos, destacan la paloma turqué (Columba bolli), una de las aves más singulares de Canarias, y las rapaces como el gavilán (Accipiter nisus).