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Mark Twain:
Mark Twain fue el seudónimo literario que utilizó siempre Samuel Langhorne Clemens, escritor y periodista estadounidense (1835-1910). Twain adoptó tal seudónimo a raíz de sus vivencias en en el Mississipi, ya que “mark twain” era la expresión equivalente para significar “dos brazas de profundidad” (el calado mínimo necesario para una buena navegación). Tipógrafo, piloto de un barco de vapor, soldado de la Confederación, minero ocasional y periodista. Todo eso y probablemente más fue el inquieto Mark Twain. Muchas vueltas hasta enderezar el rumbo (si es que hay rumbo derecho en esta vida). De hecho en la década de los 60, sin trabajo y arruinado, estuvo cerca del suicidio, pero finalmente se centró en la literatura, frecuentó a escritores y su primera gran obra, “La célebre rana saltarina del condado de las Calaveras” (basada en experiencias vividas en las minas de oro de California) adquirió una fama inesperada. Fue el principio de una carrera prolífica. Sus múltiples viajes por Europa y América le procuraron tanta experiencia como conocimientos para producir narraciones una detrás de otra: Un yanqui en la corte del Rey Arturo, Un vagabundo en el extranjero, Una aventura curiosa, Príncipe y mendigo, Viajes alrededor del mundo siguiendo el ecuador, Vida en el Misisipi (que data de 1883 y fue la primera novela escrita a máquina, si bien otras fuentes señalan a Tolstoi como el pionero) y por supuesto los inmortales Las aventuras de Tom Sawyer (1876) y Las aventuras de Huckleberry Finn (1884). Mark Twain estaba dotado para las relaciones sociales, tenía verdadera chispa, verbo fácil y afabilidad. No es extraño que paralelamente al oficio de escritor fuera especializándose como conferenciante. Su ingenio y audaz ironía encajaban a la perfección en esta labor que tuvo que practicar seguramente más a menudo de lo que hubiera deseado. Afortunadamente para él era una práctica bien remunerada. Aunque le gustaba repetir que “había nacido vago” Twain (o Clemens, si se prefiere) abandonó muy pronto el colegio y hubo de sudar toda su vida para sobrevivir como cualquier hijo de vecino o más. Sus atrevidos planes en los negocios le condujeron a la bancarrota muchas veces. por hache o por be los proyectos se torcían. En 1893 una inversión en un nuevo tipo de linotipia, la linotipia Paige, le arruinó completamente. Consiguió salir a flote dando conferencias por todo Estados Unidos y alrededor del mundo, pero las ganancias obtenidas con sus éxitos editoriales se esfumaban con nuevas y fallidas inversiones y, cuando no, por la dilapidación que practicaron distintos miembros de su familia (su hermano en particular). Y si no, simplemente mala suerte: en 1877 en lugar de aceptar una oferta preferente de acciones en el negocio de Graham Bell se conformó con “poner el primer teléfono que se usó en el mundo en un domicilio particular”, el suyo. A pesar de todo fue siempre especialmente solícito con su familia y allegados. Fuera de ese reducido círculo, Mark Twain se mostró como un crítico incisivo de la política norteamericana y el mundillo de los negocios de su época. Ante todo atacó la hipocresía social en cualquiera de sus infinitas formas. La obra de Mark Twain es reconocible sobre todo por el sentido del humor y la frescura de sus relatos y un pensamiento de inimitable ironía. Detrás del hombre de letras y conferenciante agudo estuvo el hombre de vida intensa, azarosa y en su último tramo, amarga; murió su hija mayor de meningitis, su esposa Livy quedó inválida y otro hijo murió por un descuido suyo, como dolorosamente cuenta en su Autobiografía. En pie de guerra siempre con los apuros económicos, el escritor fue orientándose hacia un negro pesimismo y misantropía. Él mismo se percató de que lo que escribía por aquel entonces era en exceso mordaz y sombrío y dejó instrucciones para que no se editase tras su muerte. Su mujer murió en Florencia en 1904; su hija Jean murió súbitamente a finales de 1909 y él ya no se recuperó y dejaba el mundo cuatro meses después, en 1910. Sólo le sobrevivió una hija.

Algunas citas marktuainescas:
“No sería deseable que todos pensáramos igual. La diferencia de opiniones es lo que hace posible las carreras de caballos.” “Hay tres clases de mentiras. Las mentiras, las malditas mentiras y las estadísticas” “El paraíso lo prefiero por el clima; el infierno por la compañía.” “Si dices la verdad, no tendrás que acordarte de nada.” Algunos apuntes sueltos de su vida: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=59492 (Pablo Vacas | hermanotemblon.com)


Las aventuras de Tom Sawyer (1876):
Las aventuras de Tom Sawyer es el relato de unos meses en la vida de este niño que vive en una ciudad pequeña del suroeste de Estados Unidos a orillas del río Misisipi. Criado por su tía Polly, que lo quiere de corazón pero que lo somete a una disciplina que se le hace absurda y desagradable, Tom contempla el mundo de una manera muy distinta a como lo hacen los adultos con los que tiene que convivir. Precisamente porque existe ese distanciamiento nos entretiene con sus reacciones divertidas y nobles. Más agreste y rebelde contra ese universo de las personas mayores es su amigo Huckleberry Finn, el compañero ideal de Tom que es envidiado por los demás niños que contemplan en su vida una forma de existencia que a ellos les gustaría llevar. Juntos vivirán aventuras humorísticas y dramáticas de las que podrán salir más airosos de lo que hubiera podido hacerlo cualquier adulto.

Príncipe y mendigo (1881):
Un príncipe y un mendigo, dobles idénticos, se conocen y súbitamente se ven situados cada uno en el papel del otro; a ninguno de ellos se les cree cuando tratan de enmendar la confusión; ambos son llevados por caminos inesperados hasta que cada uno aprende una valiosa lección. El príncipe y el mendigo fue publicado en 1881 cuando Mark Twain tenía 46 años de edad y se encontraba en la cumbre de su carrera. Difiere mucho del resto de sus obras. Ambientada en el siglo XVI, con gran atención a los detalles históricos, posee la gracia, el encanto y la irracional violencia común en los antiguos cuentos folclóricos. La decisión de Twain de ubicar su cuento en lugar y fecha reales, con un verdadero rey como su personaje central, tuvo sus consecuencias: debió hacer uso de gran ingenio para hacer coincidir su relato sin dañar su argumento o nuestro sentido de la historia. En la búsqueda por lograrlo, descarga su crítica contra las leyes, la ignorancia, la superstición y la injusticia de la época. Al situar la obra durante los reinados de Enrique VIII y Eduardo VI consigue satirizar a la Corte y a la vez, plantear una moraleja acorde a su tiempo.

Las aventuras de Huckleberry Finn (1885):
Mark Twain escribió este libro ocho años después de que conociéramos al personaje en Las aventuras de Tom Sawyer. No es arriesgado afirmar que se trata de la obra maestra de Twain, una obra rebosante de ironía y de sano relativismo. Huck, educado en la moral de su época, sabe que debería denunciar a Jim, el esclavo negro que, ante la amenaza de ser vendido, se dispone a huir. Y Huck sabe que, ayudando a escapar a un negro, está «pecando», y que por ese camino «se condena». Pero, sin haber leído a Pascal, entiende perfectamente las «razones del corazón», y se salta la moral en favor de la amistad y el buen sentido. Por fortuna, la historia ha dado la razón a Huck.

Un yanqui en la corte del Rey Arturo (1889):
Con este viaje al pasado, Mark Twain no pretende hacer alardes científicos, «la transposición de épocas y cuerpos», es solo un pretexto para escribir un relato humorístico, empapado, como es habitual en él, de sátira social y política. Las instituciones monárquicas, eclesiásticas y caballerescas reciben un buen repaso; y los personajes, un tanto grotescos y caricaturizados, a la vez que nos divierten, nos sitúan frente a la desconfianza del autor ante ciertos valores morales tenidos entonces por inamovibles.

Tom Sawyer en el extranjero (1894):
Tras la azarosa liberación de Jim, Tom Sawyer se había quedado sin aventuras que contar: hasta el cartero del pueblo osaba desafiarlo en interés trágico con una vieja historia ya caduca. Así que, cuando se le presenta la oportunidad de subir a un globo, no lo duda un instante. En Tom Sawyer en el extranjero nuestros héroes se pasean por un desierto africano que desata las fantasías orientales de Tom y permite al autor escribir algunas de sus páginas más divertidas. En ellas se refleja como nunca el paralelismo Tom / don Quijote y Huck / Sancho.

Tom Sawyer, detective (1896):
La historia trata sobre el robo de unos diamantes en San Luis por valor de doce mil dólares. Se ofrecen dos mil dólares de recompensa a quienes consiga facilitar alguna pista para dar con los ladrones. En medio de esta confusión, aparece un hombre muerto que parece guardar relación con el robo y un fantasma que hace presencia en la historia, para dar mayor misterio al tema. Cuando creen haber dado con el autor del crimen, Tom hace uso de su inteligencia para desenmascarar al verdadero culpable, solucionando, de paso, el caso de los diamantes… En esta obra, llena de humor e influida por las novelas de Conan Doyle, el joven Tom -cual Sherlock Holmes- intenta resolver un misterioso asesinato y tendrá como su auxiliar a Huckleberry, que remeda a Watson.

El diario de Adán y Eva (1906):
Diario de Adán: Esta nueva criatura de pelo largo se entromete bastante. Siempre está merodeando y me sigue a todas partes. Eso no me gusta, no estoy habituado a la compañía. Preferiría que se quedara con los otros animales. Hoy está nublado, hay viento del este, creo que tendremos lluvia? ¿Tendremos? ¿Nosotros? ¿De dónde saqué esta palabra?? Ahora lo recuerdo: la usa la nueva criatura. Diario de Eva: Toda la semana lo seguí y traté de entablar relaciones con él. Yo soy la que tuvo que hablar, porque él es tímido, pero no me importa. Parecía complacido de tenerme alrededor y usé el sociable nosotros varias veces, porque él parecía halagado de verse incluido. Desde su edición original en 1906, Los diarios de Adán y Eva no han perdido vigencia. La poderosa combinación de ironía y ternura que habita en sus páginas, hacen de este trabajo uno de los mayores de Twain y de la literatura humorística, desentrañando lo que realmente sucedió en el Jardín del Edén antes del percance frutal.

 

 

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