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La Laguna: Gilberto Alemán:
La Laguna olía distinto en verano. La humedad se auyentaba y se escondía, tal vez para el siguiente invierno, entre las tejas, aproximándose alos verodes. Olía a verano. El verano llenaba las calles de chiquillos. Se jugaba en las calles: a la pelota, al guirgo, al trompo o a los boliches. Se jugaba a matarile o a la piola o a las cuatro esquinitas.

Mi tía abuela Juliana vivía en la casa de la esquina de la calle del Agua. Sí, tenía un rosal amarillo cuyo olor llegaba a la calle. La calle del Jardín estaba empedrada y su pavimento era irregular y se llenaba de charcos en invierno, cuando llovía fuerte y le nacían yerbas. La calle se llenaba de niños que jugaban a la pelota hasta que llegaba el guardia Clemente, con el sable bien sujeto con la mano derecha para que no dejaran a los niños jugar a la pelota en la calle. Algún coche saltaba sobre las piedras de la calle, de día en día o de tarde en tarde. No era buena la calle para los coches. (Gilberto Alemán)

 

 

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