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Ilustración:
Movimiento filosófico y literario imperante en el siglo XVIII, caracterizado por la extraordinaria confianza del hombre en la capacidad de su razón natural para resolver todos los problemas de la vida humana. El movimiento de la ilustración partió de las transformaciones ideológicas del Renacimiento y se vio potenciado y vivificado por las revoluciones política y económica que se produjeron en Inglaterra en los siglos XVII y XVIII respectivamente. Desde Gran Bretaña, donde tiene su origen, el movimiento pasó a Francia, donde adquirió su forma y desde donde se difundió al resto de Europa y a América.

Humanismo:
En filosofía, actitud que hace hincapié en la dignidad y el valor de la persona. Uno de sus principios básicos es que las personas son seres racionales que poseen en sí mismas capacidad para hallar la verdad y practicar el bien. El término humanismo se usa con gran frecuencia para describir el movimiento literario y cultural que se extendió por Europa durante los siglos XIV y XV. Este renacimiento de los estudios griegos y romanos subrayaba el valor que tiene lo clásico por sí mismo, más que por su importancia en el marco del cristianismo. El movimiento humanista comenzó en Italia, donde los escritores de finales de la edad media Dante, Giovanni Boccaccio y Francesco de Petrarca contribuyeron en gran medida al descubrimiento y a la conservación de las obras clásicas. Los ideales humanistas fueron expresados con fuerza por otro estudioso italiano, Giovanni Pico della Mirandola, en su Oración, obra que trata sobre la dignidad del ser humano. El movimiento avanzó aún más por la influencia de los estudiosos bizantinos llegados a Roma después de la caída de Constantinopla a manos de los turcos en 1453, y por la creación de la Academia platónica en Florencia. La Academia, cuyo principal pensador fue Marsilio Ficino, fue fundada por el hombre de Estado y mecenas florentino Cosme I de Medici. Deseaba revivir el platonismo y tuvo gran influencia en la literatura, la pintura y la arquitectura de la época. La recopilación y traducción de manuscritos clásicos se generalizó, de modo muy significativo entre el alto clero y la nobleza. La invención de la imprenta de tipos móviles, a mediados del siglo XV, otorgó un nuevo impulso al humanismo mediante la difusión de ediciones de los clásicos. Aunque en Italia el humanismo se desarrolló sobre todo en campos como la literatura y el arte, en Europa central, donde fue introducido por los estudiosos alemanes Johannes Reuchlin y Philip Melanchthon, el movimiento penetró en ámbitos como la teología y la educación, con lo que se convirtió en una de las principales causas subyacentes de la Reforma. Uno de los estudiosos más importantes en la introducción del humanismo en Francia fue Erasmo de Rotterdam, que también desempeñó un papel principal en su difusión por Inglaterra. Allí, el humanismo fue divulgado en la Universidad de Oxford por los estudiosos William Grocyn y Thomas Linacre, y en la Universidad de Cambridge por Erasmo y san Juan Fisher. Desde las universidades se extendió por toda la sociedad inglesa y allanó el camino para la edad de oro de la literatura y la cultura que llegaría con el periodo isabelino. Véase también Historia de la Educación.

Giovanni Pico della Mirandola (1463-1494):
Filósofo y humanista italiano que nació cerca de Ferrara y estudió en la Universidad de Bolonia. En lugar de concluir sus estudios en Bolonia, acudió a famosas universidades de Italia y Francia, asombrando a los eruditos con su precoz conocimiento. A los 23 años se estableció en Roma, donde envió una lista de 900 tesis o proposiciones sobre toda clase de materias, ofreciéndose a defenderlas en público. El Papa juzgó que algunas de sus tesis, que tenían relación con la magia cabalística, podían considerarse heréticas y le prohibió continuar con sus proyectadas discusiones. En 1489 terminó el Heptaplus, un relato místico de la creación del universo. Su biblioteca fue una de las más importantes y globales de su época. Hombre acaudalado, decidió con el tiempo deshacerse de todas sus posesiones y convertirse en un predicador errante, pero murió antes de poder llevar a cabo su proyecto. El año anterior a su muerte, el papa Alejandro VI le absolvió de cualquier imputación de herejía. (Encarta)


Formación en Humanidades:
Una palabra por encima de todas resume los ideales intelectuales renacentistas más comunes y básicos, a saber, el humanismo. El humanismo renacentista era un programa de estudios que aspiraba a reemplazar el énfasis escolástico de los siglos XIII y XIV en la lógica y la metafísica con el estudio de la lengua, la literatura, la retórica, la historia y la ética. Los humanistas prefirieron siempre la literatura antigua; aunque algunos (en especial Francesco Petrarca y Leon Battista Alberti) escribieron tanto en latín como en lengua vernácula, la mayoría consideró la literatura vernácula, como mucho, una diversión para las personas sin cultura. La erudición y literatura serias no podían escribirse más que en latín o griego; es más, el latín tenía que ser el de Cicerón y Virgilio. Los humanistas renacentistas eran elitistas deliberados que condenaban el latín vivo de sus contemporáneos escolásticos como una desviación bárbara de los antiguos criterios (y, por tanto, correctos) del estilo latino. A pesar de creer que, de este modo, estaban reviviendo el estudio de los clásicos, su posición resultó intrínsecamente irónica, pues al insistir en los criterios antiguos de la gramática, sintaxis y elección de términos latinos, lo que consiguieron fue acabar convirtiendo el latín en una lengua fosilizada que a partir de entonces dejó de evolucionar. Así pues, contribuyeron sin quererlo al triunfo definitivo de las lenguas vernáculas europeas como vehículo primordial de la vida intelectual y cultural. Los humanistas estaban convencidos de que su programa educativo —que colocaba el estudio de la lengua y literatura latinas en el centro del plan de estudios y luego animaba a los alumnos a proseguir con el griego— era el mejor modo de formar ciudadanos virtuosos y cargos públicos capaces. Su elitismo era en este sentido intensamente práctico y se conectaba de forma directa con la vida política de las ciudades-estado en las que vivían. Como las mujeres estaban excluidas de la vida política italiana, su educación preocupó poco a la mayoría de los humanistas, si bien algunas aristócratas sí adquirieron formación humanística. Sin embargo, cuando cada vez más ciudades cayeron en manos de los príncipes, el programa de estudios humanista perdió su conexión inmediata con los ideales republicanos de la vida política italiana. No obstante, los humanistas nunca abandonaron la convicción de que el estudio de las «humanidades» (como acabó conociéndose su programa educativo) era la mejor vía para forjar dirigentes para la sociedad europea. (Coffin)

 

 

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