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Introducción a Australia: Bill Bryson:
Extractos del libro Antípodas [Down Under] (2000):
Australia es el sexto país más grande del mundo y la isla más extensa. Es la única isla que es al mismo tiempo un continente, y el único continente que también es un país. Fue el primer continente conquistado desde el mar, y el último. Es la única nación que empezó como una prisión. Es el más seco, árido, yermo y climáticamente agresivo de todos los continentes habitados y no obstante lleno de vida, gran proporción de ella bastante mortífera.

    En periodos climatológicos en que el mar se retraía mucho los humanos pudieron alcanzar y ocupar andando algunas grandes islas de la zona, pero el estrecho de Torres siempre estuvo cubierto por una considerable extensión de agua marina. Si se viaja hasta Australia en avión desde Los Angeles se experimenta la extraña situación de perder un día en el calendario. Tras un vuelo de 14 horas se llega en una fecha que ha aumentado en dos días sobre la fecha de salida. En algún sitio hay que poner por convención el límite que separa dos días. El meridiano de 180°, conocido como línea internacional de cambio de fecha, marca el cambio de día. En ese huso horario, UTC -12:00 Y, solo están la isla Baker y la isla Howland, que pertenecen a EE.UU.

[...] Hay allí más peligros inminentes que en ningún otro lugar. Un país donde el gusano más peludo puede dejarte seco con su venenoso pinchazo, donde las conchas marinas no sólo pican sino que te persiguen, donde te expones a inesperadas picaduras y mordeduras mortales, donde puede zamparte un tiburón o unas irresistibles corrientes arrastrarte mar adentro. La gente es alegre, ingeniosa y atenta; sus ciudades son seguras, limpias y casi siempre se sitúan cerca del agua; la cerveza está fría y el sol brilla con frecuencia. La vida no puede ser mucho mejor que esto. [...] El Indian Pacific cruza la tercera parte inferior del país a lo largo de 4.400 km agradablemente tortuosos por los estados de Nueva Gales del Sur, Australia Meridional y Australia Occidental, y es el rey de los trenes del hemisferio sur. Desde Sydney asciende suavemente a través de las Blue Mountains, avanza renqueando por las interminables extensiones de pastos de ovejas, sigue el río Darling hasta el Murray y éste hasta Adelaida, finalmente cruza la impresionante llanura de Nullarbor hasta los campos auríferos que rodean Kalgoorlie, y llega suspirando a un merecido descanso en la lejana Perth.

Fauna única:
Es el hogar del ser vivo más grande de la Tierra, la Gran Barrera Australiana, y del monolito mas famoso e impresionante, Ayers Rock (o Uluru, si utilizamos un nombre aborigen más respetuoso, y ahora oficial). Tiene más cosas que pueden matarte que ningún otro lugar. Las diez serpientes más venenosas del mundo son australianas. Estos cinco animales: la araña de tela de embudo, la medusa cofre, el pulpo de anillos azules, la garrapata paralizadora y el pez piedra son los más letales de su especie en el mundo. Es un país en que el gusano más peludo puede dejarte seco con su venenoso pinchazo, donde los moluscos no sólo pican sino que a veces te persiguen. Si recoges una inocua caracola de la playa de Queensland, como suelen hacer los incautos turistas, descubrirás que el animalito que hay dentro no es sólo sorprendentemente veloz e irritable, sino muy venenoso. Si no te pican ni muerden mortalmente de forma inesperada, se te puede zampar un tiburón o un cocodrilo, unas irresistibles corrientes te arrastrarán mar adentro o morirás implacablemente abrasado en el asfixiante outback. Es un lugar duro. Y antiguo. Hace 60 millones de años, desde la formación de la Gran Cordillera Divisoria, que Australia guarda silencio geológicamente hablando, lo que le ha permitido conservar muchas de las cosas más atávicas descubiertas en la Tierra —las rocas y los fósiles más primitivos, las más tempranas huellas de animales y lechos de ríos, los primeros y apenas perceptibles signos de vida—.

Primeros pobladores:
En un momento indeterminado de su remoto pasado —quizá hace 45.000 años, quizá 60.000, pero sin duda antes de que hubiera humanos modernos en las Américas o en Europa—, fue invadida pacíficamente por unas gentes profundamente inescrutables, los aborígenes, que no tienen un parentesco racial o lingüístico claro con sus vecinos de la región, y cuya presencia en Australia puede explicarse sólo postulando que fueron quienes inventaron el oficio de la navegación oceánica al menos treinta mil años antes que nadie emprendiera otro éxodo, y después olvidaran o abandonaran casi todo lo que habían aprendido, pues pocas veces volvieron a hacerse a la mar.

Llegada de europeos:
Es una gesta tan singular y extraordinaria, tan imposible de entender, que los libros de historia la ventilan en un par de párrafos, y pasan a la segunda invasión, más explicable: la que empieza con la llegada del capitán James Cook y su esforzada nave de la marina británica Endeavour a Botany Bay en 1770. No importa que el capitán Cook no descubriera Australia y que ni siquiera fuera capitán en el momento de su visita. Para casi todo el mundo, incluidos muchos australianos, es entonces cuando comienza la historia. El mundo que esos primeros caballeros ingleses descubrieron estaba curiosamente invertido —las estaciones al revés, las constelaciones cabeza abajo— y no se parecía a nada de lo que habían visto antes, ni siquiera en latitudes cercanas del Pacifico. Sus seres vivos parecían haber evolucionado sin haberse leído el manual. El más característico de ellos no corría, trotaba o galopaba, sino que daba saltos, como bota una pelota. El continente hervía de una vida inverosímil. Había un pez que se encaramaba a los árboles; una zorra que volaba (no era sino un murciélago); crustáceos tan grandes que un hombre podía introducirse en su concha…

En resumen, no había otro lugar igual en el mundo y sigue sin haberlo. El 80 % de las plantas y animales de Australia no existe en ninguna otra parte. Y en una abundancia tal que parece incompatible con la dureza del territorio. Australia es el mas seco, llano, caluroso, árido, yermo y climáticamente agresivo de los continentes habitados. (Sólo la Antártida es más hostil a la vida.) Es un lugar tan inerte que incluso el suelo es, técnicamente hablando, fósil. Y sin embargo hierve de vida. Sólo en insectos, los científicos no tienen ni la más ligera idea si el número total de especies es de 100.000 o más del doble. Un tercio de estas especies continúa siendo desconocido para la ciencia. En el caso de las arañas, la proporción alcanza el 80 %.

Hormigas:
He mencionado precisamente los insectos porque conozco una anécdota de un bichito llamado Nothomyrmecia macrops que ilustra perfectamente, aunque de forma indirecta, cuán excepcional es este país. Es un cuento un poco enmarañado pero bueno, sed indulgentes, por favor. En 1931, en la península de Cape Arid de Australia Occidental, unos naturalistas aficionados indagaban entre la maleza cuando encontraron un insecto que no habían visto nunca. Se parecía vagamente a una hormiga, pero con un curioso color amarillo pálido y unos ojos raros, fijos, y palpablemente inquietos. Se recogieron algunos especímenes, se mandaron al despacho de un experto del Museo Nacional de Victoria en Melbourne, y éste los identificó sin duda como Nothomyrmecia. El descubrimiento causó una gran excitación porque, que se supiera, no había existido nada así en la Tierra desde hacía centenares de millones de años. El Nothomyrmecia era una protohormiga, una reliquia viva de una época en que las hormigas evolucionaban a partir de las avispas. En términos entomológicos, era tan extraordinario como que alguien hubiera encontrado una manada de triceratops pastando en alguna verde y remota estepa. Se organizó una expedición inmediatamente, pero a pesar de una búsqueda escrupulosa nadie pudo encontrar la colonia de Cape Arid. Posteriores búsquedas acabaron igualmente con las manos vacías. Casi medio siglo después, cuando se corrió la voz de que un equipo de científicos americanos planeaba una búsqueda de la hormiga, seguramente con una tecnología que haría parecer aficionados y mal organizados a los australianos, científicos del gobierno de Canberra decidieron hacer un último intento por encontrar las hormigas. Así que un equipo se dirigió a explorar el país. En el segundo día de viaje, mientras cruzaban el desierto del sur de Australia, uno de sus vehículos empezó a echar humo y chispas y se vieron forzados a hacer un alto para pernoctar en un lugar del camino llamado Poochera. Durante la noche, uno de los científicos, llamado Bob Taylor, salió a tomar el aire e iluminó el terreno circundante con su linterna. Podéis imaginaros su estupefacción cuando descubrió, subiendo por el tronco de un eucalipto cercano al campamento, una próspera colonia de nada mas y nada menos que Nothomyrmecia. Pensemos en las probabilidades. Taylor y sus colegas estaban a unos mil doscientos kilómetros del lugar donde pretendían iniciar la búsqueda. En los casi 8.000.000 km2 de extensión vacía que es Australia, uno de los pocos grupos de personas capaces de identificar aquel insecto, uno de los más raros y buscados de la Tierra, acababa de encontrarlo —un insecto que sólo se había visto una vez, casi medio siglo antes— y todo porque una furgoneta había tenido una avería en ese sitio. Por cierto, el Nothomyrmecia nunca se ha vuelto a encontrar en su lugar original. Seguro que veis por donde voy. Éste es un país que está al mismo tiempo asombrosamente vacío y sin embargo repleto de cosas interesantes, atávicas, cosas que no son fáciles de explicar. Cosas que todavía están por descubrir. Creedme, es un lugar muy interesante. (Bill Bryson)

 

 

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